Día Mundial de Internet: La brecha digital en tiempos de COVID-19

Hoy es el Día Mundial de las Telecomunicaciones e Internet. Cada año en estas fechas, se suelen analizar los avances y los déficits en el uso y acceso a las TIC a nivel mundial. Este año, con diferencia, se hace más relevante reflexionar sobre las implicaciones de tener o no un buen servicio de sistemas y telecomunicaciones. 

Reflexiones en el Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información

El Día Mundial de Internet (o Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información) es un buen momento para reflexionar sobre la importancia de la red de redes en nuestro día a día: Internet. Y más este año. Ante las difíciles circunstancias que vivimos, hemos aprendido de verdad las implicaciones de tener o no tener un buen servicio de comunicaciones.

La pandemia generada por la COVID-19 nos ha hecho valorar muy positivamente el impacto que tienen los sistemas y servicios de telecomunicaciones. Sin el buen funcionamiento de estos sistemas hubiera sido imposible, entre otras cosas, el trabajo a distancia o la educación online, por no mencionar, el mantener el contacto visual a distancia con nuestros familiares y amigos.

Hasta ahora, para muchos, y en particular para los más jóvenes, internet era fundamentalmente una herramienta para el ocio o las relaciones personales. Sin embargo, se ha convertido en un servicio indispensable para poder seguir con una vida lo más parecida a la hasta hace poco habitual.

Internet, ¿al alcance de todos?

Sin embargo, estas tecnologías no están llegando por igual y con la misma calidad a todos: nos estamos dejando a muchas personas atrás, siendo uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a cumplir de acuerdo con la Agenda de 2030 de las Naciones Unidas. Esto se evidencia hoy más que nunca ante situaciones como:

  • jóvenes de familias de bajos ingresos que pueden verse expulsados de un sistema educativo en clave digital.
  • algunas personas mayores que no están capacitadas para aprovechar las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) para poder sentirse más cerca de sus seres queridos y poder aliviar la sensación de soledad.
  • zonas geográficas no conectadas, o con conexiones de baja calidad, que se encuentran más aisladas.

La UNESCO alertó ya de este gran problema a nivel global al comienzo de la crisis sanitaria.

Y si lo anterior ha ocurrido en España, cabe imaginar que también estará sucediendo en otros países donde, ya sea por falta de infraestructuras, por falta de ingresos para poder acceder a estos servicios o por falta de capacitación digital (los tres componentes de la brecha digital), solo una minoría está conectada.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones publica anualmente los avances y los déficits en el uso y acceso a las TIC a nivel mundial. En el último informe del 2019, dice que más del 75% de las personas no tienen acceso a internet en muchos países de África central (como Níger, Chad, Sudán, Etiopía, Uganda, Congo, Mozambique, Mali, Mauritania y muchos más), pero tampoco en Afganistán, Nicaragua, Haití y Nueva Guinea.

Esto implica que el desarrollo social y económico se vea limitado por no poder estar en las mismas condiciones que la minoría que sí puede aprovechar estas tecnologías. Las causas: la falta de red, las altas tarifas en relación a los ingresos medios per cápita, la falta de alfabetización digital o, incluso habiendo conexiones, la falta de calidad o la velocidad insuficiente de la misma.

El virus de la digitalización

De cara al futuro, la actual crisis sanitaria está suponiendo una aceleración notable del proceso de digitalización de muchos sectores en aquellos países que tienen la infraestructura y los medios.

Muy pronto, llegará a nuestras vidas el 5G, la quinta generación de telefonía móvil, lo que contribuirá a afianzar y extender más ampliamente el internet de las cosas, entre otras tecnologías disruptivas. Los vehículos sin conductor, la monitorización continua de variables de personas, cosas, ciudades u operaciones quirúrgicas a distancia, son sólo algunos ejemplos de lo que ya se vislumbra. No obstante, no hay duda de que aparecerán nuevas aplicaciones de estas tecnologías que promoverán la diferenciación de los negocios en el mercado, haciendo destacar aquellos que sepan aprovechar el momentum.

La mejora de los procesos de digitalización y de la conectividad de banda ancha impactará en el día a día de todos los usuarios brindándonos la oportunidad de tener nuestro entorno conectado de forma global, lo que abre la posibilidad de un sinfín de nuevos servicios.

También generará un incremento exponencial de los riesgos de malware, phishing y probablemente nuevos ciberataques no conocidos hasta la fecha, que tendrán que ser mitigados, no solo mediante sistemas de ciberseguridad avanzados, sino también con el desarrollo de unos valores éticos en el mundo digital.

Lo que está claro es que la brecha entre los que tienen la disponibilidad de estos nuevos servicios y los que no se está agrandando. Y no sabemos qué derechos básicos, como ahora el derecho a la educación, se están viendo ya afectados en el día a día de estas sociedades o pueden verse afectados de manera más aguda ante otro momento de crisis.

La cuestión es ¿cómo prepararnos? La clave está en las políticas para no dejar a nadie atrás.

Conforme va mejorando la tecnología, servicios que consideramos de lujo van convirtiéndose en servicios esenciales o en poderosas herramientas para poder satisfacer determinados servicios básicos.

En un sector tan ágil y rápido como el de las telecomunicaciones, necesitamos ir acompasando las políticas de servicio y de acceso universal para poder garantizar que la cobertura de estos servicios llegue a todos.

En el Día Mundial de Internet, pensemos en cómo mejorar el futuro, reflexionando sobre cómo estamos afrontando esta crisis del COVID-19.The Conversation


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

 

 

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